La imagen no esta disponible
La imagen no esta disponible
Y EL AMOR
ETERNO
GUY ROUX
La imagen no esta disponible
GUY ROUX
Y EL AMOR
ETERNO
Slider
 
  

       
AL PRINCIPIO, FICHAS. DESPUÉS, TRABAJAS DURO Y ASCIENDES. CONTINÚAS Y VUELVES A ASCENDER. ASCIENDES Y SIGUES. SIGUES Y ASCIENDES. MIENTRAS TANTO, TE MANTIENES PORQUE GANAS. NO SOLO GANAS, SINO QUE DESLUMBRAS. ASÍ, AÑO TRAS AÑO, TEMPORADA TRAS TEMPORADA. UNA VEZ QUE CREES QUE HAS TOCADO TECHO Y QUE NO PUEDES DAR MÁS DE TI, TE MARCHAS SIENDO UNA LEYENDA, PERO NO PUEDES IGNORAR LOS DICTADOS DE TU CORAZÓN Y ACABAS REGRESANDO. Y CUANDO PARECE QUE TIENES MUCHO MÁS QUE PERDER QUE GANAR, TE SIGUES SUPERANDO Y REBASAS LAS EXPECTATIVAS. AL FINAL, TE CONVIERTES EN UN MITO. ENHORABUENA, YA ERES GUY ROUX EN EL AUXERRE.
 
 
Joseba ORMAZABAL
 

   
 
 
 
Guy Roux es Auxerre y Auxerre es Guy Roux. Hablamos del hombre que ha escrito las páginas más gloriosas de la Association de la Jeunesse Auxerroise. Tanto es así que Roux ha podido vivir prácticamente la mitad de la existencia del conjunto borgoñés desde el banquillo, dirigiéndolo y convirtiéndolo en un club histórico del fútbol francés. ¡Venga ya hombre! No será para tanto. ¿No? 890 partidos, 375 victorias, 256 empates y 259 derrotas hablan por sí solos. Pero tranquilo, que si los datos no te bastan, ahora viene lo mejor. Guy Marcel Roux (12 de octubre de 1938) es, como decimos, la figura que ha marcado el curso del AJ Auxerre durante décadas. Nacido en Colmar, en el Alto Rin, creció como futbolista en la cantera blanquiazul, jugando en el primer equipo durante varias etapas. Sin embargo, al no verse capacitado para triunfar sobre el césped, decidió colgar las botas antes de tiempo. "Tenía buena técnica y ciertas capacidades físicas, pero carecía de vivacidad", admitía. Su verdadera vocación estaba en los banquillos y avisó a cada uno de sus compañeros de que llegaría a ser un entrenador famoso y reconocido. Así lo contaría medio siglo más tarde en una entrevista concedida al diario El País: "No tardé en darme cuenta de que no tenía talento suficiente para ser un jugador profesional, pero avisé a mis compañeros: 'Llegaré a ser un entrenador famoso'. El Auxerre estaba en las divisiones inferiores y prometí que acabaríamos en la Primera División. Mis amigos pensaban que estaba loco. Tardamos veinte años, pero subimos a Primera". Dicho y hecho. El oriental galo –como oso llamarle debido a sus pequeños ojos– haría del Auxerre un equipo grande, competitivo y con renombre a nivel internacional.
 
 
  
 
 
   
 
Antes de seguir profundizando en Guy Roux, primero vamos a conocerle en su máxima expresión. Para empezar, algunos apuntes bastante ilustrativos: su imagen fue utilizada para construir la figura de un guiñol televisivo, tiene un videojuego propio que lleva su nombre y una vez fue defendido por el gabinete del ex presidente Nicolas Sarkozy, ya que la liga no le quería dejar dirigir debido a que superaba el límite de edad para trabajar en el país. Con esto último te lo digo todo; Roux es una celebridad con todas sus letras. A pesar de ello, al ser un tipo muy pasional, humilde y sensato, el bueno de Guy se basaba en una premisa forjada a fuego en pos de alcanzar el éxito: la paciencia. Podríamos decir que esa es la máxima que siempre estaba presente en su mente. Para él, era de vital importancia guardar la calma en todo momento, en toda situación y ante cualquier tipo de adversidad. Perder los nervios no iba con él. Y puede que todo esto se deba a sus orígenes rurales. De hecho, hay quienes lo llaman campesino, puesto que fue criado entre viñedos. Cierto es que la vida de pueblo siempre es más tranquila, y eso forja la personalidad de uno, como podemos apreciar en este caso. Fijaos que ni los nueve años militando en la liga regional (Ligue de Bourgogne de football) pudieron con la paciencia de Roux. Y lo que es más sorprendente, tampoco pudieron con la de los directivos del club. "Mi ritmo es el de los campesinos. Esto no se nota porque me paso la vida corriendo, pero cuando veo que un club empieza a ganar y a subir a 200 por hora, me sonrío y me digo 'a ese lo voy a alcanzar, ya lo verá', y generalmente es así", declaró en 1991 a Sport Plus.
 
El otro fundamento en el que se apoyaba Guy Roux era la pasión. Puede sonar a tópico, aunque en su caso el término cobra todavía más veracidad. El míster alsaciano sentía una profunda pasión por lo que hacía. Sus arduas sesiones físicas por el bosque son ya un clásico del fútbol galo. "No tenía miedo de mi padre, sino de Guy Roux", reveló el costamarfileño Basile Boli, seguramente el jugador más atlético al que ha dirigido. Tal era el entusiasmo y la obsesión de Roux que controlaba hasta el más mínimo aspecto: "La diferencia entre el éxito y el fracaso es la atención a los detalles". No es ninguna exageración; él mismo reconoció que revisaba los cuentakilómetros de los coches de sus futbolistas. Además, demostró que profesaba como mínimo la misma picardía que Lazarillo de Tormes. Por ejemplo, se encargaba personalmente de que los equipos rivales realizaran el calentamiento con balones distintos a los que se utilizarían en el encuentro. No destacaba por ser un gran anfitrión... Si en invierno solía dejar el vestuario visitante sin calefacción, en verano subía su temperatura hasta convertirlo en un horno; las visitas al Stade de l'Abbé-Deschamps eran una auténtica pesadilla y un verdadero infierno –nunca mejor dicho–. Desde luego, astucia no le faltaba al hombre. Más allá de estas trampitas características de la época y siendo justos, hay que admitir que Roux era uno de esos locos que daban todo por el fútbol: comía, bebía y labraba fútbol. Y también lo hablaba. Con el tiempo, entablaría una estrecha relación con otros entrenadores, entre los que destacaría sobre todo Sir Alex Ferguson. Al margen de las interminables conversaciones sobre fútbol, ambos compartían otra gran pasión: el vino. A sabiendas de todos nosotros, Guy aprovechaba sus ratos libres para cultivar sus famosos viñedos, y ya te digo yo que, en más de una ocasión, su amigo escocés se pasaría por Borgoña para catar sus mejores vinos. 
 
 
Alma de entrenador
 
La infancia y la juventud de Guy Roux están repletas de vaivenes. Durante la Segunda Guerra Mundial, su padre fue hecho prisionero y su abuelo compró una casa en la pequeña población de Appoigny, en Borgoña, llevándose consigo a toda la familia. Fue allí donde el pequeño Guy empezó a jugar al fútbol. Un año más tarde, regresó a 
Colmar para trabajar en el campo con su tío y se aficionó al equipo local, el Sports Réunis Colmar, asistiendo incluso a los entrenamientos. En 1950 volvió a Appoigny para cursar la enseñanza secundaria en la ciudad de Auxerre, actuando ya como entrenador en las competiciones escolares: "El profesor me había confiado el equipo. Estos fueron mis primeros pasos como entrenador, con muchos títulos en el campeonato de la academia. Diseñé la capacitación yo mismo gracias a los libros que compré cuando tenía trece años" (Travailler dans le football). Una tarde cualquiera, fue a observar una sesión del Stade Auxerrois, pero el técnico gritaba demasiado como para poder aprender algo, así que prefirió caminar unos minutos para acercarse a las instalaciones del AJ Auxerre. Guy quedó encantado con lo que vio y, tras hablar con los entrenadores, decidió unirse a la disciplina ajaïste. Aquel sería el principio de un romance que duraría para siempre. Si bien dio el salto al primer equipo en edad juvenil, sus estudios en Educación Física y en Derecho y Administración de Empresas le llevaron a Limosín y Limoges, donde jugaría en clubes como el Stade Poitevin FC o el Limoges FC.
 
 
 
 

 
 
 
En el año 1960, Guy Roux fue seleccionado en un proyecto de estudio llamado Le sport en Grande-Bretagne. Gracias a ello, en el mes de julio pudo ejercitarse con la primera plantilla del Crystal Palace FC. Un año después, volvería a Auxerre para presenciar un partido amistoso entre el AJ Auxerre y el Crewe Alexandra FC. El conjunto inglés había sufrido varias lesiones y pidió a su anfitrión que le prestara algún jugador para completar la convocatoria. Guy no lo dudó y se prestó voluntario, con tan buen resultado que el presidente auxerrois, Jean Garnault, le ofreció volver al equipo. El joven de 21 años solo aceptaría con la condición de ejercer a la vez como jugador y como entrenador, algo que no encajaba en los planes de Garnault. Roux escribió una carta de seis páginas en la que explicaba su proyecto para el AJA, entre las que se encontraban las sesiones semanales de capacitación, la compra de nuevos terrenos para campos de entrenamiento y un salario de 600 francos mensuales. El club había recibido varias solicitudes de ex futbolistas célebres como Jean Baratte o Bolek Tempowski, aunque opta por contratar a Guy Roux para hacerse cargo del banquillo. Obviamente, aun cediendo a todas sus exigencias, era la opción más barata. El objetivo deportivo era avanzar a la tercera división del fútbol francés antes de que lo hicieran sus vecinos del Stade Auxerrois.
 
La relación entre Guy Roux y el Auxerre, como venimos diciendo, se basa en dos palabras: paciencia y pasión. Sin la paciencia no habría seguido en el equipo y sin la pasión no habría logrado todo lo que logró. Si reitero con insistencia –quizás excesivamente– en el saber esperar y en confiar, no lo digo en vano. Es muy meritorio que un club mantenga la confianza en un entrenador cuando lleva varios años jugando sin pena ni gloria en las divisiones regionales y no acaba de conseguir el ansiado ascenso. Seguramente, hoy en día esta situación sería casi impensable. Hay que decir que alguna duda hubo, dado que la primera etapa fue de prueba. Este periodo duró tan solo una temporada (1961/62), en la que el conjunto ajaïste terminó en quinta posición. En septiembre de 1962, Roux tuvo que renunciar al cargo para realizar el servicio militar, pero siguió ejerciendo la profesión en el equipo de fútbol del regimiento. Mientras tanto, el AJA mantuvo la categoría a duras penas, hasta que el joven técnico regresó al banquillo en 1964. A partir de entonces, el equipo se fue colando en los primeros puestos de la Division d'Honneur o Régional 1, el cuarto escalafón del fútbol francés, clasificándose en quinto lugar en la campaña 1964/65 y acabando como cuarto durante cuatro años consecutivos. Sin que nadie lo sospechara en absoluto, aquel sería el preludio de algo grande
.
 
 

 
 

 
 
 

  
Ascensos como panes
 
En la temporada 1969/70, el Auxerre fue campeón de su grupo en la Régional 1 con un récord de 15 victorias, 6 empates y 1 derrotas, ascendiendo al campeonato de aficionados francés por primera vez en su historia –entonces denominado División 3. "No quería acostarme: fui al bosque y a los campos de Appoigny. Caminé hasta que salió el sol. Regresé a casa a las 7:30 am para desayunar. Ya ves la alegría que tenía...", recordaba Guy Roux en L'Yonne Républicaine, diario regional con el que colaboró en diversas ocasiones. Después de lograr este hito, se retiró de los terrenos de juego para centrarse en dirigir a los suyos desde el área técnica, pues consideraba que era "muy difícil jugar y gestionar el entrenamiento al mismo tiempo". El AJA no tardó en consolidarse en la zona alta de la liga; tercero (1971), otra vez tercero (1972), quinto (1973)... En la temporada 1973/74, el cuadro borgoñés terminó cuarto por detrás de los equipos reserva de Olympique de Lyon, AS Saint-Étienne y Olympique de Marsella, y como los equipos filiales no podían ascender a categoría profesional, dio el salto directamente a la Division 2. Para poder competir en el profesionalismo, realizó algunos fichajes importantes como el portero internacional polaco Marian Szeja (FC Metz) o el capitán de la selección de Francia amateur, Jean-François Chevat. Aun así, el mismo bloque seguía siendo prácticamente el mismo del ascenso, en el que destacaba sobre todo el internacional olímpico Gérard Hallet (Paris FC). En su primer año en la división de plata, ofrecieron un buen rendimiento y firmaron un décimo puesto. La leyenda de Roux y el Auxerre seguía creciendo, pero no se quedaría ahí.
 

En solo un año, el Auxerre dejó claro que la Division 2 tampoco le venía grande. Alcanzó de nuevo la décima posición de la tabla en la temporada 1975/76, y en las dos siguientes subió hasta la quinta y la cuarta respectivamente. La plantilla había ido reforzándose con jugadores como el lateral Lucien Denis (FC Sochaux), los centrocampistas Dominique Cuperly (FC Metz) y Serge Mesonès (AS Nancy) o los delanteros Jean-Marc Schaer (AS Saint-Étienne) y Josef Klose (OKS Odra Opole). En el curso 1978/79, se darían a conocer a lo largo y ancho del país. El director Jean-Jacques Annaud inició en Auxerre el rodaje de la película Coup de tête (1979), que narra la aventura de un pequeño equipo en la Coupe de France. Para ello, contó con futbolistas del AJA como extras y con Guy Roux como asesor. Pocos imaginaron que aquella colaboración tendría consecuencias en la realidad. Increíble pero cierto: la ficción se convirtió en un hecho. El Auxerre afrontó la competición copera con una motivación especial y eliminó a Entente Chaumont AC (4-2), Stade Quimpérois FC (0-1 y 0-0) y Montpellier PSC (0-0 y 2-0), rompiendo la barrera histórica de octavos de final. La gran sorpresa llegó en cuartos, derrotando a dos conjuntos de Division 1 como Lille OSC (0-0 y 1-2) y RC Estrasburgo (0-0 y 2-2), que a la postre sería el campeón de Francia. En la final de la Coupe de France de 1979, celebrada en el Parque de los Príncipes, fue capaz de empatar con el FC Nantes, aunque acabó cayendo en la prórroga (4-1). En liga, acusó el cansancio copero y volvió a quedar como cuarto clasificado.
 
 
 
 

 



   
 
Guy Roux era mucho más que un entrenador. Por un lado, la paciencia siempre le llevaba a planificar sus proyectos a medio y largo plazo. Por otro, el compromiso absoluto con su trabajo y con su club se extendía hasta más allá de lo profesional –véase el ejemplo de Jean-Marc Ferreri, un talentoso jugador de 14 años al que incorporó para los reservas y al que hospedó en su propia casa–. Esta filosofía originaría magníficos resultados. La hazaña en la Coupe de France le había reportado al Auxerre 1,2 millones de francos. Roux, en vez de fichajes, prefirió invertir en futuro, así que convenció al presidente del club, Jean-Claude Hamel, para que comprara la granja Râteau, ubicada justo al lado del estadio. El objetivo de esta adquisición era construir un centro de formación y entrenamiento que se inauguró en 1982 y que pasaría a ser una de las canteras futbolísticas más prolíficas de toda Francia. Y es que construir el futuro de la entidad no estaba reñido con aprovechar el presente. En la temporada 1979/80, los blanquiazules comenzaron como un tiro gracias a tres triunfos consecutivos ante AS Cannes (1-2), US Tavaux-Damparis (2-0) y EDS Montluçon (0-2). Después de atravesar un pequeño bache, fueron entonándose cada vez más y, al final, lograron 16 victorias, 12 empates y 6 derrotas para amarrar el primer puesto del Grupo B. Ante la perplejidad de muchos, menos la del míster, el Auxerre lo había hecho. 21 de mayo de 1980: en la última jornada del campeonato y en el Stade de l'Abbé-Deschamps, el equipo venció al AS Cannes (2-1) y el ascenso a la máxima categoría del fútbol francés ya era una realidad. Además, también se coronó campeón de la Division 2 tras imponerse al FC Tours (4-0 y 1-0). Roux fue nombrado manager general del club, siendo uno de las primeras figuras en asumir esta labor en la historia del fútbol francés y europeo.
 
 

Lento pero seguro
 
El sueño se había hecho realidad, como realidad cobraron las palabras pronunciadas décadas atrás por el bueno de Guy Roux. La verdad es que, para ser un debutante en la Division 1, las cosas no le salieron nada mal. Después de un inicio dubitativo, el AJ Auxerre se mantuvo más de dos meses imbatido. Con una plantilla verdaderamente amplia, formada por 26 jugadores y con una media de edad de 24,9 años, el equipo acabó en una más que digna décima plaza. En aquella primera toma de contacto con la categoría, los auxerrois ganaron hasta en 10 ocasiones, empataron en 16 y perdieron 12 veces. Entre las actuaciones más destacadas, habría que mencionar el asalto al Parque de los Príncipes para derrotar al París Saint-Germain FC (2-3), así como al Stade Marcel-Saupin para cortar la racha de imbatibilidad como local de cinco años del FC Nantes (0-1). Los goles anotados se debieron en gran parte a la efectividad de un recién llegado. Andrzej Szarmach (FKS Stal Mielec) era un total desconocido en Francia cuando fue reclutado por Roux y solo le bastaron 20 partidos para marcar 16 tantos, dato que habla muy bien del ariete polaco. No obstante, sería injusto olvidarse de los otros anotadores de aquella campaña. Los Patrick Rémy (8), Jean-Marc Schaer (7), Dominque Cuperty (3), Robert Sab (4), Gérard Lanthier (3) y un jovencísimo Jean-Marc Ferreri (1) merecen su mención, dado que con sus tantos 
además de juego ayudaron a sostener el equipo en la élite. Sobre todo porque la defensa no fue precisamente lo que se dice un muro. Empezando desde el arco defendido por Joël Bats, hasta los tocayos Jean-Marc (Charles y Noel) pasando por Lucien Denis, se pudieron ver diversas carencias defensivas. Nada que el entrenamiento y la experiencia no pudieran curar. Y joder si lo curaron.
 

"No queremos ser flor de un día. Lento pero seguro es nuestro lema. No vamos a ser un ejército que sobrepase sus líneas de suministro. Lo hemos logrado. No queremos volver a desplegarnos. Tenemos que consolidarnos dos o tres años". Estas eran las palabras de Guy Roux para France Foot 2 en 1981, después de que el AJ Auxerre completara su primero año en la Division 1. En la temporada 1983/1984, los blanquiazules destrozaron los pronósticos y se subieron al tercer puesto del podio liguero, con su delantero Patrice Garande como máximo anotador del torneo (21 goles). Unos meses más tarde se estrenaron en la Copa de la UEFA, aunque fueron eliminados a las primeras de cambio por el Sporting Club de Portugal (2-0 y 2-2). En liga, volverían a cuajar un buen papel finalizando en cuarto lugar y repitiendo clasificación europea gracias al empate en la última jornada frente al RC Estrasburgo (1-1). El autor del gol sería un joven de 19 años llamado Éric Cantona. Roux lo había hecho debutar en 1983, pero no fue hasta entonces cuando se consagró en el primer equipo: "Necesitaba verlo jugar diez minutos para saber que era un jugador inmenso" (Le Fígaro, 2018). En solo un par de años, el carismático atacante marsellés se hizo notar a nivel nacional, debutando con la selección de Francia y marchándose al Olympique de Marsella a cambio de unos 22 millones de francos. El traspaso supuso una cifra récord en el fútbol galo, ayudando al Auxerre a llenar sus arcas para que así pudiera mejorar el equipo. De esta forma, el club se instaló definitivamente en la zona noble de la liga. Cantona había sido uno de los primeros grandes talentos surgidos del nuevo centro de formación, junto a Jean-Marc Ferreri, Roger Boli, Basile Boli, Bruno Martini, Pascal Vahirua o Raphaël Guerreiro, entre otros. La paciencia de Roux empezaba a dar frutos.
 
 
 
 


   
 
Ahora abróchense los cinturones y agárrense al punto de apoyo más cercano, que subimos al Olimpo del fútbol galo. Todo empezó a cocerse en el curso 1992/93. En aquella campaña, el Auxerre firmó su mejor participación en Copa de la UEFA; eliminó a PFC Lokomotiv Plovdiv (2-2 y 1-7), FC Copenhague (5-0 y 2-0), Royal Standard Lieja (2-2 y 1-2) y AFC Ajax (4-2 y 0-1). En semifinales se enfrentó al Borussia Dortmund, que fue muy superior en el partido de ida (2-0). En la vuelta, los locales igualaron la eliminatoria, llevándola a la tanda de penaltis. Ya en la muerte súbita, Stéphane Mahé falló el sexto lanzamiento y sus lágrimas quedaron grabadas para siempre en la memoria de los aficionados. Aunque nadie lo habría imaginado, aquella eliminación europea sería la antesala de la etapa más gloriosa en la historia de la entidad. Entretanto, su buen hacer en los banquillos le había permitido a Guy Roux alcanzar gran notoriedad a nivel internacional. En el verano de 1993, el técnico estaba de vacaciones en Cuba cuando fue invitado a comer por el mismísimo Fidel Castro. Para su sorpresa, el líder cubano quería contratarle para fomentar la práctica del fútbol entre los jóvenes de la isla. "Me dijo: 'Si en dos años los haces jugar al fútbol en lugar del béisbol, te daré una isla'", confiesa  Guy en su autobiografía. Ni siquiera una proposición de tales dimensiones pudo interponerse entre Roux y su amor por el Auxerre. No solo no aceptó la oferta de Castro, sino que también le rechazó un puro habano porque no había fumado en su vida.
 
 
La primera copa
 
A finales de 1993, Guy Roux recibió otra propuesta para cambiar de aires, y esta vez era mucho más tentadora para sus ambiciones deportivas. Después de que la selección nacional de Francia no pudiera clasificarse para la Copa Mundial de Estados Unidos 1994, le ofrecieron nada más y nada menos que dirigir el nuevo proyecto de los bleus. Difícil decisión, pero por nada del mundo iba a dejar plantado al club de su vida, y menos aún a mitad de curso: "Sentí que tenía algo entre manos en Auxerre y me negué" (L'Yonne Républicaine). Aquella temporada, el AJ Auxerre volvió a realizar un gran año para hacerse con el tercer puesto de la liga. Sin embargo, la actuación más destacable llegaría en la Coupe de France. Los chicos de Roux recorrieron un camino en el que fueron doblegando a GSI Pontivy (0-3), CS Sedan-Ardennes (4-2), FC Sète 34 (1-4), Racing Club de France (1-2) y FC Nantes (1-0). Así pues, el primer vino con denominación de origen borgoñés se lo tomarían a costa del Montpellier HSC. El 14 de mayo de 1994 supuso una fecha muy especial para el AJA. Otra vez con el Parque de los Príncipes como escenario, el huracán blanquiazul pasó por encima de la escuadra dirigida por Gérard Gili. Moussa Saïb (17´), Gérald Baticle (48´) y Corentin Martins (86´) fueron los autores de los tantos que dieron a los auxerrois su primer y puede que más preciado título, dando comienzo a una jarana que se prolongaría unos cuantos años.
 
El AJ Auxerre entraría de lleno en los libros de historia en la temporada 1995/96. La celebración del 90 aniversario del club no merecía menos. En verano se marcharon Bruno Martini, Frank Verlaat, Stéphane Mahé, Raphaël Guerreiro, Gérald Baticle o Pascal Vahirua. En su lugar, se incorporaron Abdelhafid Tasfaout (MC Orán), Stéphane Guivarc'h (EA Guingamp) y Laurent Blanc (AS Saint-Étienne), que llevaba varios años sin encontrar su mejor nivel. Guy Roux, fiel a su esquema 4-3-3, armó un equipo que maravilló a toda Francia. En portería, apostaba por un arquero moderno como Lionel Charbonnier, bien suplido en los primeros meses por el joven Fabien Cool. En defensa, Laurent Blanc se convirtió en el líder de la zaga desde la posición de líbero. Junto a él, jugadores muy físicos como Franck Silvestre en el puesto de central, Alain Goma en el lateral derecho y Franck Rabarivony en el lateral izquierdo, además de un recambio de garantías como el emergente Taribo West. En la medular, Sabri Lamouchi ocupaba el pivote para ejercer de metrónomo gracias a su excelente técnica y visión de juego; a ambos lados, dos interiores incansables y con mucha llegada, Moussa Saïb y Corentin Martins, "un capitán con mucha autoridad, bueno tácticamente" y que realizaría una de las mejores campañas de su carrera. La línea de ataque estaba compuesta por dos extremos rápidos, habilidosos y anotadores, Christophe Cocard por derecha y Bernard Diomède por izquierda. El segundo, de origen guadalupeño, es otro de los que exhibió un nivel fabuloso, mostrándose decisivo en los últimos metros. Por último, en la punta de lanza Stéphane Guivarc'h era a priori el titular, pero fue perdiendo minutos debido a la gran labor de Lilian Laslandes, un delantero que solía ofrecer más trabajo y asistencias que goles.
 
 
 
 
 
 
 
Un comienzo liguero tambaleante, con derrotas contra FC Nantes (1-0), RC Lens (0-1) y Montpellier HSC (3-1), suscitó algunas dudas en el Auxerre. Paciencia. A finales de agosto, la máquina empezó a carburar y el equipo completó una racha sensacional con 8 victorias en 10 partidos, incluyendo la primera ronda de Copa de la UEFA con el Viking FK (1-1 y 0-1). Entonces, llegaría el momento más complicado de la temporada. En la segunda ronda de la competición europea, cayó en casa con el Nottingham Forest FC (0-1), ¡después de haber disparado hasta 26 veces a puerta!; tampoco pudo marcar en la vuelta disputada en suelo inglés (0-0), por lo que consumó su eliminación antes de lo previsto. No os preocupéis. El eterno Guy Roux siempre ha dicho: "Mantén el rumbo en la tormenta y sujeta la barra con firmeza". Y así lo haría para volver a enderezar la nave. Tres triunfos consecutivos elevaron al Auxerre a la segunda posición, solo por detrás del París Saint-Germain. A partir de febrero, los parisinos empezaron a flaquear y los auxerreses no lo desaprovecharon. Primero en la Coupe de France, donde el AJA ya había vencido a Olympique de Lyon (0-1) y Le Mans UC (0-2) y en octavos de final también eliminaría al propio PSG (3-1). Justo un mes después, ambos volverían a cruzarse en liga en un duelo trascendental; el paseo de los borgoñeses ante los capitalinos rozó la humillación (3-0).
    
 
El triunfo de la paciencia
 
En la última semana de marzo de 1996, el AJ Auxerre estaba a solo dos puntos del liderato, pero Guy Roux no quiso echar las campanas al vuelo. Durante todo el curso había insistido en que su objetivo era la permanencia, así que continuó aplicando su juego psicológico: "Por supuesto que pensamos en el título, pero nuestro calendario es demasiado difícil, haría falta un fracaso del París, y no creo que los acontecimientos vayan en esa dirección". Pues bien, unos días más tarde, el París Saint-Germain pierde contra el FC Metz (2-3) y los suyos dan un golpe de autoridad en casa del Lille OSC (0-4), situándose a la cabeza de la clasificación. A falta de cinco jornadas, se abría un nuevo panorama liguero, con cuatro aspirantes a ser campeón (AJA, PSG, AS Mónaco y FC Metz). Al mismo tiempo, el humilde Auxerre del aún más humilde Roux también seguía dando guerra en la Coupe de France. ¡Y tanto que si la dio! Superó a ASOA Valence (0-2) y Olympique de Marsella (1-1; 1-3 en penaltis) y se plantó de nuevo en la final. El 4 de marzo de 1996, se enfrentaría a la revelación copera: el Nîmes Olympique FC. El conjunto de la National 1 demostró desde el principio por qué había llegado hasta allí, abriendo la lata con un tanto de Omar Belbey (26'). Aunque no sabemos qué les dijo Roux a sus jugadores en el descanso, lo cierto es que fuera lo que fuera dio resultado. El Auxerre se puso las pilas en la segunda mitad; igualó la contienda con un testarazo de Laurent Blanc (53') y certificó la remontada gracias a su matador de área, el abonado a los goles coperos, Lilian Laslandes (88'). El club conquistaba la segunda copa de su historia, pero todavía quedaba tela que cortar.
 

 

 
 

 
 
 

 
La victoria del AJ Auxerre en la Coupe de France fue seguida de una fiesta demasiado tranquila para la ocasión. Tras la final, plantilla, directiva y cuerpo técnico organizaron una cena con karaoke en el salón principal del Gran Trianón, en Versalles. Pero en la velada había un simpático aguafiestas llamado Guy Roux, que tenía un acuerdo con sus futbolistas para que se fueran a la cama a las dos de la mañana. Les dijo: "Está en juego el título, ya celebraremos el día del título". El técnico esperó durante cinco horas en la única puerta de salida para asegurarse de que se cumplía el pacto. No era para menos, otro tropiezo del PSG les permitiría proclamarse campeones de liga si puntuaban en la penúltima jornada. Los auxerrois hicieron su parte empatando en casa del EA Guingamp (1-1) y aguardaron expectantes. "Teníamos radios en el banquillo en ese momento", contaría Roux para L'Yonne Républicaine, "cinco segundos después del último silbato, veo a mi derecha a Gérard Bourgoin explotando de alegría. Estoy esperando, quiero oírlo por mí mismo, quiero oír el resultado de París (2-2). Y allí me regocijo, salgo al campo. Creo que, en ese momento, incluso Usain Bolt habría visto mi número en la parte de atrás". Una semana después, el Auxerre derrotó al FC Nantes (2-1) –que hasta seguía siendo dueño del título liguero– y sería coronado oficialmente campeón de Francia, firmando así un doblete inolvidable. Casi nada. Roux realizó la siguiente reflexión: "Creo que el éxito de AJ Auxerre ha sido un triunfo de la paciencia. Nunca hubo una cuestión de un cambio drástico o ganar el título del campeonato a cualquier precio. Pudimos esperar nuestro momento, sin poner en peligro todo el esfuerzo, y lo que está sucediendo ahora compensa lo que no tuvimos en el pasado". Aquella tarde del 18 de mayo de 1996, se estudiará en los libros de historia como la culminación de una de las hazañas más antológicas del deporte galo.
 

Después de unas cuantas temporadas creciendo en la élite, el Auxerre había pisado Hollywood al levantar aquel título liguero de la campaña 1995/96. Ahora vienen los números que todo lo avalan: 72 puntos fueron los logrados en base a 22 victorias, 6 empates y 10 derrotas. En cuanto a goles se refiere, perforaron la red rival hasta en 66 ocasiones y solo concedieron 30 en la propia. Las cifras de anotación estuvieron muy repartidas, fundamentalmente entre Corentin Martins (13), Lilian Laslandes (12) y Bernard Diomède (9). Suficiente, ¿no? Pues si las estadísticas no acaban con vuestra incertidumbre, no pasa nada, Éric Cantona lo hará. El delantero marsellés, siempre tan polémico y que ya se había convertido en una leyenda del Manchester United FC, declararía tajantemente que "Francia no merece al Auxerre, Inglaterra sin duda, pero no Francia". Por si fuera poco, la escuadra entrenada por Guy Roux no solo ascendió a la cima alzándose con la liga y volviendo a besar la copa, sino que seguiría haciendo más méritos aún si cabe para protagonizar nuevas páginas doradas en la historia del fútbol francés.
 
 
 

 

 
 
Pero no, hombre, no, que nadie abandone su asiento hasta que terminemos con la historia, que todavía quedan heroicidades que contar. Eso sí, no sin antes sufrir un poco. Una vez lograda la hazaña del doblete con el Auxerre, algunos de sus futbolistas prefirieron salir por la puerta grande; Laurent Blanc se fue al FC Barcelona, Corentin Martins al RC Deportivo de La Coruña, Christophe Cocard al Olympique de Lyon... Aunque permanecía buena parte del plantel campeón, al que se irían sumando algunos fichajes fallidos, otros más acertados como Steve Marlet (AS Red Star 93) y una nueva ola de canteranos encabezada por Jean-Sébastien Jaurès y Johan Radet. En su primera participación en la UEFA Champions League (1996/97), el AJA lidera el Grupo A junto al AFC Ajax, dejando fuera a Grasshopper CZ y Rangers FC. Sin embargo, en los cuartos de final caería ante su bestia negra, el Borussia Dortmund (3-1 y 0-1). Los franceses se sintieron perjudicados por el arbitraje, debido a un gol válido que le habían anulado a Lilian Laslandes en el partido de ida. "Un partido de fútbol se juega con tres árbitros, por lo que hay tres veces más posibilidades de errores de arbitraje", dijo una vez Guy Roux. Aquella temporada, el Auxerre acusó inevitablemente la resaca del año anterior y se cayó a la sexta posición de la clasificación de liga.
 
En los años siguientes, el AJ Auxerre fue desinflándose progresivamente. Si bien es cierto que ganó la Copa Intertoto en 1997, el bajón de rendimiento en las competiciones nacionales era cada vez más evidente, coqueteando incluso con la zona de descenso. Los grandes artífices del doblete habían ido marchando poco a poco y el club no supo encontrarles recambios de garantías, por lo que se resintió de manera preocupante. "Un pequeño que salta siempre baja más que un grande que salta", es otra de las geniales frases de Guy Roux. En la temporada 1999/2000, solo quedaban Fabien Cool, Bernard Diomède y Stéphane Guivarc'h, y estos dos últimos tampoco tardarían mucho en abandonar el barco. Sin embargo, la peor noticia posible aún estaba por llegar. En mayo del 2000, Roux anunció su retiro debido a la fatiga: "Cuando diriges a hombres, hay que darles jugo. Y ahí, las baterías estaban agotadas". El presidente, Jean-Claude Hamel, decidió darle el testigo a Daniel Rolland, que había estado al frente del filial desde 1977. No obstante, el primer equipo supuso demasiada presión para Rolland, que apenas aguantó una temporada en el banquillo. Entonces, Hamel optó por recurrir a la única persona capaz de reconducir la situación: Guy Roux. ¡Cómo no! El alsaciano, que se encontraba negociando con el Bayer 04 Leverkusen para sustituir a Berti Vogts, no dudó en atender la llamada para regresar al club de su vida tan solo un año después de su salida.
 
 
Y otras dos
 
"El cumplido disminuye al hombre". Esta ha sido siempre una de las máximas de Guy Roux, y AJ Auxerre había tenido que darse un baño de realidad durante unos añitos para recordarla. La nota positiva corría a cargo de las prometedoras perlas que habían ido aflorando en el equipo: Teemu Tainio, Djibril Cissé, Joël Perrier-Doumbé, Lionel Mathis, Olivier Kapo, Philippe Mexès, Jean-Alain Boumsong... En su regreso (2001/02), Roux apostó por la nueva generación, que le respondió protagonizando una campaña magnífica y alcanzando el tercer puesto de la clasificación. Además, la afición encontró un nuevo ídolo en Djibril Cissé, máximo anotador de la liga junto al portugués Pauleta (22 goles). En la 2002/03, disputaron la UEFA Champions League por segunda vez. Aunque dieron la sorpresa imponiéndose al Arsenal FC en Highbury (1-2), no pasaron de la fase de grupos, y en Copa de la UEFA serían ajusticiados por el Liverpool FC (0-1 y 0-2). En liga, bajarían unos escalones hasta la sexta posición. Pese a ello, estaba claro que el gran Auxerre había vuelto. Aún quedaban títulos por conquistar, y ambos serían en su competición fetiche: la Coupe de France. Pero ¿cómo fue aquello? SM Caen (1-2), CSO Amnéville (0-3), FC Bourg-Péronnas (1-3), AS Angoulême-Charente (0-0; 2-4) y Stade Rennais FC (2-1); ese fue el camino para volver a disputar una final después de siete años. El 31 de mayo de 2003, el AJA se medía a un PSG con aires de grandeza y que contaba con un tal Ronaldinho. En el Stade de France, Guy Roux alineó a Cool; Radet, Boumsong, Mexès, Doumbé; Fave, Lachuer, Fadiga; Mathis, Kapo y Cissé. La final se alteró pronto con el tanto de Hugo Leal para los parisinos (21’). Los blanquiazules sufrieron mucho y no lograron igualar hasta el minuto 76. Quién si no Cissé podía marcar en tan importante instancia. Con empate en el luminoso, fueron a por más y hallaron el premio in extremis en el 89 con el gol de Boumsong (2-1). Otra vez más lo habían hecho, se habían alzado con otra copa. Y ya iban tres.
 
 
 
 

       
 
En la temporada 2003/04, el Auxerre finalizaría cuarto clasificado en Ligue 1, con Djibril Cissé como máximo artillero del campeonato (26 goles). El éxito del equipo motivó que, al igual que tiempo atrás, los poderosos de Europa quisieran pescar en sus filas, y así zarparon el propio Cissé (Liverpool FC), Phippe Mexès (AS Roma), Olivier Kapo (Juventus FC) o Jean-Alain Boumsong (Rangers FC). El club volvió a reinventarse y lo hizo como siempre, invirtiendo en jóvenes prometedores como Benoît Cheyrou o Luigi Pieroni y en su inagotable cantera (Bacary Sagna, Younés Kaboul...). Aún no se cansaría de escribir capítulos en el libro de machadas del fútbol galo y quería tomarse una copita más por cortesía de Guy Roux: Calais RUFC (0-1), Vannes OC (0-2), París Saint-Germain FC (3-2), US Boulogne (1-2) y Nîmes Olympique FC (2-1) fueron eliminados por el camino. En el pub de siempre y con los de siempre, la historia se repetiría dos años más tarde, en esta ocasión contra el CS Sedan. En esta final, celebrada el 4 de junio de 2005, la cuadrilla ajaïste se adelantó por medio de Benjani Mwaruwari (37') y, tras la pausa, Stéphane Noro empató con un zambombazo increíble (63'). En el descuento, la sensación de déjà vu era evidente; Benoît Cheyrou recupera y abre el juego al costado izquierdo, Kanga Akalé la pone con la zurda y Bonaventure Kalou, listo como nadie, marca la sentencia en el minuto 94 (2-1). El segundo vino de la noche trajo un aroma a emoción, satisfacción y euforia. En un nuevo golpe maestro, Roux había insistido en que Kalou regresara de su concentración con la selección de Costa de Marfil para disputar aquella final, enviando un avión expresamente a recogerlo tras el partido que debía jugar contra Libia. Para hacer posible esta maniobra, el técnico incluso contactó con uno de los hijos de Muamar el Gadafi; han visto cuál fue el resultado. La cuarta Coupe de France ya lucía en las vitrinas del club.
 
En un par de décadas, el Auxerre se había pillado las borracheras de su vida, desde el ascenso a la élite, el primer título, pasando por el doblete y hasta llegar a consagrarse como rey de copas. Y como el bueno de Guy Roux sabía que tanto alcohol no es saludable para el cuerpo, el domingo 5 de junio, un día después de la final de copa, anuncia oficialmente que abandona el banquillo auxerrois de manera definitiva: "Es hora de parar". Se había ganado un merecido descanso. Renunció a la buena vida y volvió, como si nada hubiera pasado, a su querido campo. Con todo, permanecería al servicio del club prestando asesoría en asuntos deportivos, especialmente en la supervisión de las categorías inferiores en el centro de formación, una de las facetas que más han marcado su carrera. En junio de 2007, volvería a picarle el gusanillo del banquillo y acordó unirse al RC Lens cuando cumplía 68 años de edad. La normativa le prohibía entrenar, pero su nuevo club apeló la decisión y, como adelantamos al principio de este reportaje, el mismo presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy intervino en favor de Roux. Más allá de un inicio prometedor ganando una Copa Intertoto, la aventura de Guy Roux en Lens no fue como él esperaba. Puesto que los resultados fueron decepcionantes, no pudo disfrutar ni siquiera de una pizca de la paciencia que sí le habían brindado en Auxerre, por lo que terminó renunciando al cargo: "Hicimos los gallos antes de poner los huevos". Actualmente, sigue siendo el entrenador que ha dirigido más partidos en la primera división de Francia (894), así como el que ha ganado más veces la Coupe de France junto a André Cheuva
 
Guy Roux siempre fue un autodidacta y nunca dejó de cultivar su vocación. Durante muchos años, se había costeado infinidad de viajes para presenciar varios partidos en diferentes ediciones de la Copa del Mundo. De la misma forma, asistía a los entrenamientos de otros equipos para aprender del trabajo de grandes técnicos como Albert Batteux, Hennes Weisweiler, Mário Lobo Zagallo o Rinus Michels. Además, Roux basaba su metología en su enfoque más personal, con sesiones físicas en plena naturaleza y en condiciones más bien adversas. "Siempre hicimos lo contrario de las personas normales. En verano fuimos a las montañas, en invierno fuimos al mar", explicaría Franck Rabarivony, lateral izquierdo del Auxerre campeón de liga en 1996. Ya saben, la paciencia y la pasión en todos los sentidos. Otro de los futbolistas más talentosos que ha dirigido, Enzo Scifo, destacaba también su capacidad para saber conducir al grupo en la dirección correcta: "Gestionaba todo con autoridad, pero al mismo tiempo lograba conectar muy bien con sus jugadores". Por todo lo que hemos contado, hablamos de una persona que lleva la profesión en su sangre. Junto Arsène Wenger, Valery Lobanovsky, Vittorio Pozzo, William Maley o su amigo Sir Alex Ferguson –y por encima de todos ellos–
, nuestro protagonista ha sido hasta ahora el entrenador más longevo en un club en la historia del fútbol europeo. Nada más y nada menos que un total de 44 años ligados al banquillo del equipo de sus amores, AJ Auxerre. ¿Quieren saber su secreto? "Hay que llevar siempre a las personas que te aman, los dirigentes, los aficionados, más allá de sus expectativas". Por esto y mucho más, Guy Roux fue, es y será único, como único fue todo lo que logró junto a sus hijos del AJA. El último vino me lo tomo en Borgoña. A tu salud, Guy.
 
 
 
 
       Light Gallery format is incorrect, path is missing!  
 
 
 
Joomla Plugins
 
 
Contacto
 
Plaza de Pilatos 5, 2º Izquierda (Sevilla, España)