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EL ESPÍRITU DEL
EL ESPÍRITU DEL
CHOLLIMA
CHOLLIMA
THE OTHER FOOTBALL
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THE OTHER FOOTBALL ES UNA ODA A LOS LUCHADORES MÁS MODESTOS, AQUELLOS QUE CONTRA TODO PRONÓSTICO TERMINARON DESTACÁNDOSE COMO HÉROES EN LAS COMPETICIONES MÁS IMPORTANTES DEL MUNDO DEL FÚTBOL. EQUIPOS, SELECCIONES, JUGADORES, ENTRENADORES E INCLUSO ALGUNAS HINCHADAS SE HAN CONVERTIDO EN LOS GRANDES PROTAGONISTAS CUANDO MENOS LO PENSÁBAMOS. A PESAR DE QUE NO SIEMPRE PUDIERON LOGRAR EL ORO, CONQUISTARON LOS CORAZONES DE MILES DE AFICIONADOS. HOY OS CONTAMOS EL PAPEL DE LA SELECCIÓN DE COREA DEL NORTE EN LA COPA DEL MUNDO DE INGLATERRA 1966, UN EQUIPO CON EL QUE NADIE CONTABA Y QUE ACABARÍA HACIENDO HISTORIA...
 
 
Julián VÉLEZ
 

   
 
 
 
La imagen del delantero de la selección de Corea del Norte, Jong Tae-se, llorando mientras escuchaba el himno nacional norcoreano en la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, se ha quedado grabada en la memoria de todos los grandes amantes del fútbol. Para un futbolista apenas existe nada que pueda igualar la sensación de representar a su país jugando en una Copa del Mundo. A raiz de este momento viene a mi mente el único precedente en toda la historia del fútbol norcoreano, la mítica selección que alcanzó los cuartos de final de la Copa del Mundo de Inglaterra 1966. Aquel equipo sería una demostración más de que en el fútbol todo es posible. Da igual la nacionalidad, el color, la edad o cualquier otro aspecto. Al final, por más tópico que parezca, en el juego son once contra once con una pelota y con el objetivo de marcar gol. Corea del Norte es una de esas selecciones modestas que se han ganado el cariño del gran público, como aquella selección de Colombia en Italia 1990Senegal en Corea y Japón 2002, Ghana en Sudáfrica 2010 o Costa Rica en Brasil 2014, por citar algunos ejemplos. En la edición de 1966, el combinado nacional de Inglaterra fue el anfitrión de una Copa del Mundo que posteriormente ganaría. Pero para nosotros los protagonistas de aquel certamen serían otros. Vestían de rojo y y jugaban para un país asiático y comunista que en plena Guerra Fría accedía por primera vez a un Mundial de fútbol.
 
  
 
 
   

   

 
El camino de la selección de Corea del Norte hacia la Copa del Mundo de Inglaterra no podría entenderse sin tener en cuenta el componente político. El conjunto norcoreano disputó la fase de clasificación en un grupo más enrevesado de lo ya habitual. Un sistema innecesariamente complejo como injusto restaba muchas posibilidades a los países africanos, que debían superar varias rondas para, al final, enfrentarse al ganador de la zona asiática por un puesto en el evento mundialista. Las quince selecciones de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) boicotearon esta fase continental retirándose de la misma, una señal de protesta que se debía especialmente a la baja representación mundialista de África, pues consideraban que debía existir una clasificación directa para, al menos, uno de sus equipos nacionales. Además, los africanos tampoco estaban conformes con la readmisión por parte de la FIFA de Sudáfrica, que en el año 1958 había sido expulsada de la CAF debido al régimen del apartheid. Por otra parte, el fútbol asiático aún se encontraba en un momento muy precoz, por lo que apenas había selecciones que se postularan para intentar acceder a la Copa del Mundo. Por motivos geográficos evidentes, Israel y Siria se jugarían sus opciones en la fase clasificatora europea, mientras que Corea del Norte y Corea del Sur quedarían encuadradas en un grupo con Australia –todavía no se había creado la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC)– y con la controvertida Sudáfrica, que acabaría siendo suspendida ante la insistente presión de las naciones africanas.
 
 
Un billete para Inglaterra
 
Las selecciones de Australia, Corea del Norte y Corea del Sur serían las que lucharían por un billete para la Copa del Mundo de Inglaterra 1966 en un torneo de todos contra todos que se celebraría en Japón. Sin embargo, los norcoreanos carecían de relaciones diplomáticas con la mayoría de los países, así que disponían de muy pocas opciones para encontrar un lugar adecuado donde poder disputar sus partidos. La solución llegó de la mano de Norodom Sihanouk, jefe de Estado de Camboya y aliado de Kim Il-sung, que propuso la ciudad de Nom Pen como sede neutral. Este cambio obligó a Corea del Sur a retirarse de la competición por dificultades logísticas; ya solo quedaban Australia y Corea del Norte, que se jugarían el pase en una eliminatoria a doble partido en el Estadio Olímpico Nacional de Nom Pen. En aquella época, 
el fútbol todavía era un deporte bastante minoritario en Australia, donde era practicado mayormente por los inmigrantes europeos. Si bien es cierto que el fútbol en Corea tampoco es que hubiera tenido tanto recorrido, hay que decir que la plantilla de la selección norcoreana estaba muy bien preparada físicamente. Para integrar aquel equipo, el mismo Kim Il-sung había decidido seleccionar entre sus tropas a los mejores soldados, conformando un grupo con una edad media muy joven. Así pues, el 21 de noviembre de 1965 y ante 60.000 espectadores, Corea del Norte fue un auténtico rodillo y barrió de un plumazo a Australia (6-1); solo tres días más tarde y en el mismo escenario, los norcoreanos también se impusieron en un partido que ya se había convertido en un mero trámite (1-3). Sería la tercera vez que una selección asiática disputaría un Mundial, después de que lo hicieran Indias Orientales Neerlandesas (Indonesia) en Francia 1938 y Corea del Sur en Suiza 1954.
 

 
En el contexto histórico que nos acontece, el Reino Unido aún no había reconocido oficialmente al estado que se había proclamado como República Popular Democrática de Corea en el año 1948. Por tanto, la calificación del país asiático para la Copa del Mundo provocó arduos debates en los círculos del gobierno británico. Los recuerdos de la Guerra de Corea de la década anterior seguían siendo una herida abierta y dolorosa para muchos, y no eran pocos los burócratas preocupados por cómo debían abordar este asunto de manera que no dañara sus relaciones diplomáticas con Corea del Sur y Estados Unidos. Un memorando interno del Ministerio de Asuntos Exteriores escrito pocos meses antes del torneo relataba: "Si hacemos esto, las consecuencias podrían ser muy serias. Aparentemente, la FIFA ha dejado muy claro a la FA (The Football Association) que si a cualquier equipo que se ha ganado su camino a la final se le niegan las visas, entonces la final se disputará en otro lugar. Esto sería un desastre para la FA". Finalmente, los ingleses decidieron respetar las normas del fútbol y la bandera norcoreana podría ondearse junto a las de las otras naciones competidoras. Para evitar problemas determinaron que los himnos nacionales solo sonarían para los países que disputaban el primer partido y la final, dado que el encuentro inaugural enfrentaría a Inglaterra y Uruguay, y las posibilidades de que los asiáticos llegaran a la final eran demasiado remotas. Eso sí, el gobierno británico insistió en que en vez de República Popular Democrática de Corea se optara por el nombre de Corea del Norte como nombre oficial del equipo.

 
 
 
 
   

   

 
El objetivo de la selección de Corea del Norte en la Copa del Mundo era defender el orgullo nacional y "no hacer papelones", tal como dijo expresamente Kim Il-sung antes de que la expedición viajara hacia Inglaterra. Los veintidós protagonistas que cargarían con la responsabilidad serían los porteros Lee Chan-myung y Lee Keun-hak; los defensas Pak Li-sup, Shin Yung-kyoo, Kang Bong-chil, Lim Zoong-sun, Oh Yoon-kyung, Ha Jung-won, Kim Yung-kil, Ryoo Chang-kil; los centrocampistas Im Seung-hwi, Pak Doo-ik, Pak Seung-zin, Han Bong-zin, Ke Seung-woon, An Se-bok, Lee Chi-an; y los delanteros Kang Ryong-woon, Kim Seung-il, Yang Seung-kook, Lee Dong-woon y Kim Bong-hwan. Desde el banquillo, Myung Rye-hyun sería el responsable de la dirección. Nada más aterrizar en Londres, se subieron en un tren en dirección a Middlesbrough, donde se alojaron en el Hotel George para disputar la primera fase del torneo. En principio, el choque cultural y los problemas de comunicación anticipaban una estancia difícil para los norcoreanos, pero la población local los acogió cariñosamente. El alcalde de la ciudad, Jack Boothby, recibió a los invitados con una imagen bordada de una grulla que ahora se exhibe en el Museo Dorman. El conjunto asiático se ejercitaría en una planta gigante de químicos, que en aquel momento albergaba más de 30.000 trabajadores, unas instalaciones que mejoraban a los campos de entrenamiento de Pyongyang, situados en la fábrica de cigarrillos Ryonggang. Las sesiones de entrenamiento contarían con la presencia de un buen número de aficionados, que quedaban impresionados con la alta intensidad y la buena técnica de aquellos futbolistas. El hecho de que el equipo vistiera equipaciones rojas, al igual que el Middlesbrough FC, ayudó a que las gentes de Teesside sintiera especial simpatía por ellos, ganándose rápidamente un lugar en sus corazones.
 
 
El espíritu del Chollima
 
L
a gran virtud de aquella selección de Corea del Norte residía en su espíritu de juego, inspirado en la leyenda del Chollima. Este animal de la mitología oriental se basa en un caballo alado capaz de saltar cientos de millas en el aire, demasiado rápido y elegante como para ser montado por cualquier mortal. Ya se había convertido en un símbolo de la revolución norcoreana gracias a Kim Il-sung, que para acelerar la reconstrucción del país lanzó el eslogan "correr con la velocidad del Chollima". Esta representación del heroísmo patrio también sería la fuerza motriz que impulsaría al combinado nacional. Estaba claro que Corea del Norte no lo tendría nada fácil, pues había quedado encuadrada en el Grupo 4, integrado por escuadras tan poderosas como Italia, URSS y Chile. Los italianos figuraban entre los candidatos más firmes para alzarse con el título, con una gran tradición futbolera; los soviéticos se mostraban como un bloque sólido y muy fuerte físicamente, pero tampoco es que estuviesen sobrados de capacidad técnica; y los chilenos eran seguramente los más imprevisibles, aún más tras haber realizado un gran papel como anfitrión en la Copa del Mundo de Chile 1962, donde habían firmado un tercer puesto muy meritorio. Por su parte, Corea del Norte llegaba a este torneo no solo como primerizo, sino como uno de los rivales más débiles y desconocidos, por lo que su pase a la siguiente ronda se pagaba 1.000 a 1. De hecho, un corresponsal del Times escribía: "A menos que los coreanos resulten ser malabaristas, con una estratagema inesperada como correr con la pelota acolchada en el hueco de sus cuellos, parece que Italia y los soviéticos deberían tener las plazas aseguradas".
 

El 12 de julio de 1966, Corea del Norte se estrenaba en una Copa Mundial de la FIFA. El seleccionador, Myung Rye-hyung, sabía perfectamente la consigna que debían seguir: "Para competir con Occidente, teníamos que estar preparados mentalmente, y en cuanto al físico, teníamos que estar en perfectas condiciones, ser muy rápidos y darlo todo". Durante el primer partido del grupo, los jugadores comprendieron que los mundiales son duros desde el primer minuto. En el estadio Ayresome Park, se vieron incapaces de competir ante la potencia física desplegada por la todopoderosa URSS. Los soviéticos se adelantaron a la media hora con un tanto de Eduard Maloféyev; a partir de entonces, no dieron opciones a sus contrarios. Dos minutos más tarde, Anatoli Banishevski hizo el segundo y el mismo Malofévev redondeó la cuenta en el tramo final (3-0). Los norcoreanos, más pequeños y ligeros, sobrevivieron a la derrota lo más dignamente que pudieron. La aventura de los debutantes parecía destinada a ser muy breve. Aun así, hay que aclarar que el resultado fue demasiado abultado para la entrega que habían exhibido ambos conjuntos sobre el césped. Tanto fue así que la afición que acudió aquel día al estadio quedó sorprendida y realmente encantada con el valiente equipo asiático. A pesar del tropiezo, el Chollima no bajó el ánimo. Después de haber recibido la primera lección en su viaje, estaba dispuesto a seguir volando lo más alto y rápido posible. "Aunque fuimos derrotados 3-0, ganamos confianza", recordaría Pak Doo-ik, odontólogo y uno de los principales referentes del plantel.
 
 
 
 

   

   

 
En su segundo partido de la Copa del Mundo, Corea del Norte encontraría mayor fortuna. Enfrente, una selección de Chile que también había perdido en la primera jornada, por lo que los dos equipos se jugarían sus posibilidades de futuro en un duelo trascendental. El bloque chileno, liderado por su capitán Leonel Sánchez y un jovencísimo Elías Figueroa, era menos corpulento y basaba más su juego en la técnica, algo que podía dar opciones a los norcoreanos. El encuentro comenzó con el conjunto oriental, que esta vez vestía de blanco, practicando un fútbol alegre y sin complejos, pero otra vez se aproximaba la media hora cuando volvieron a llegar los problemas. El árbitro egipcio Ali Kandil señaló un penalti clamoroso sobre Pedro Araya que se encargó de transformar Rubén Marcos. En esta ocasión, Corea del Norte aguantó el tipo y tras el descanso se vino arriba. Empezó a trazar excelentes jugadas colectivas que iban entusiasmando poco a poco al público local. Debían marcar al menos un gol para que el recuerdo de su paso por el Mundial no desapareciera para siempre. En los últimos minutos, con el equipo volcado en el ataque y recibiendo los ánimos de la grada, Lim Zoom-sung botó un libre directo desde el centro del campo para poner el balón en el área rival. Después de una serie de rechaces, Pak Seung-zin enganchó una volea desde la frontal, que envió el esférico al lado derecho de la meta defendida por Juan Olivares, que no pudo evitar el gol. El tanto del empate hizo explotar de emoción a todos los presentes, enloquecidos con un resultado que daba esperanzas para soñar con la hazaña (1-1). El vendaval asiático seguía soplando y tomaba fuerza gracias al apoyo popular que encontraba en cada calle de Middlesbrough. Yo también los habría apoyado como loco de haber estado allí.
 
 
La epopeya norcoreana
 
Y llegó el día clave. El 19 de julio de 1966 será recordado para siempre en el deporte norcoreano. La selección de Italia era una de una de las favoritas para ganar aquella Copa Mundial. No solo era bicampeona del mundo, sino que, además, había visto cómo sus clubes estaban comenzado a ejercer su dominio en el panorama europeo. Entre sus filas, la Azzurra dirigida por Edmondo Fabbri contaba con futbolistas como Giacinto Facchetti, Gianni Rivera o Sandro Mazzola. Sin embargo, se había complicado la vida al perder contra la URSS, dándole a Corea del Norte la oportunidad del milagro. Aquel sería uno de esos partidos que valen la pena sacar de la hemeroteca para revivirlo. Italia empezó arrollando en los primeros compases del encuentro, tal y como se esperaba, pero sus disparos siempre acaban fuera o topándose con la figura del guardameta Lee Chan-myungLos delanteros italianos se volvían locos con la muralla defensiva de unos norcoreanos que no paraban de correr durante todo el partido, haciendo gala de un gran trabajo colectivo y creando ocasiones de peligro al contragolpe. En el minuto 34, una entrada de Giacomo Bulgarelli sobre Pak Seung-zin terminó con el capitán italiano en el suelo doliéndose de su rodilla. Todavía no se permitían los cambios, así que Bulgarelli tuvo que retirarse lesionado, dejando a su equipo con un hombre menos. Unos minutos más tarde, el Ayresome Park estallaría de júbilo. Una anticipación de cabeza aparentemente inofensiva de los asiáticos se convirtió en un pase fantástico para Pak Doo-ik, que dejó correr la pelota antes de golpearla con la pierna derecha para batir a Enrico Albertosi. Nadie podía creérselo, ni siquiera los propios futbolistas.
 
 

 
 
 
 

 
La garra militar de la selección de Corea del Norte resultaría decisiva para defender con uñas y dientes un resultado tan valioso. Tras el descanso, los futbolistas norcoreanos salieron al campo con la determinación necesaria para cumplir con su objetivo. Se mantuvieron firmes aguantando las embestidas constantes de una Italia desesperada y cada vez más nerviosa.  "Si analizamos por qué Italia perdió el partido, en primer lugar, ellos perdieron la batalla mental", comentaría el técnico Myung Rye-hyung, "en segundo lugar, después de concedernos el gol, intentaron apresurarse para marcar. Eso significaba que jugaban de forma individualista, no como un equipo. El trabajo en equipo triunfó sobre la superioridad técnica". Los azzurri disfrutaron de varias ocasiones muy claras, especialmente en las botas de Marino Perani, pero aquel no era su día. El pitido final confirmaba la gran sorpresa de la competición. (1-0). Todo el estadio elevó su voz para rendirse ante aquellos menudos deportistas, a los que siempre apoyaron y trataron como si fueran sus propios hermanos. "Fue el día en que aprendí que el fútbol no se trata solo de ganar", diría Pak, el autor del tanto del triunfo. Corea del Norte se convertía así en la primera selección asiática en clasificarse a la fase final de una cita mundialista. El equipo italiano no encajó bien la derrota y recriminó a los árbitros y a la FIFA que sus rivales habían realizado una serie de sustituciones en el descanso, aprovechando el parecido físico que existía entre los norcoreanos. Argumentaban que esta era la razón por la que siempre estaban con tantas energías. Pese a las sospechas, las acusaciones nunca fueron demostradas y se quedaron en mera anécdota. De hecho, sonaba a una excusa para intentar desviar la vergüenza y el ridículo que sufrirían al retornar a su país.
 
"Eran un grupo muy tranquilo cuando llegaron por primera vez, pero eso cambió después de vencer a Italia", aseguraba Bernard Grant, que fue el periodista oficial que acompañaba a la selección de Corea del Norte durante la Copa del Mundo de 1966; "
La ciudad entera los llevó en su corazón, Corea del Norte se convirtió en héroes instantáneos para los fanáticos del 'Boro' y 3.000 personas de Middlesbrough viajaron a Liverpool para verlos". La proeza asiática despertó aún más simpatía entre los ingleses. La clasificación de Corea del Norte para los cuartos de final fue una sorpresa mayúscula para todos. Ni siquiera los norcoreanos más optimistas habían imaginado que su selección sería capaz de llevar a cabo tal hazaña. Ni tan siquiera la propia Asociación de Fútbol de Corea del Norte contaba con ello, hasta el punto de que había planificado el viaje de vuelta de los suyos para justo después del partido contra Italia. Debido a que todos los hoteles ingleses estaban completamente ocupados, la selección de Corea del Norte se tuvo que hospedar en una institución católica que había reservado, curiosamente, la delegación italiana. Los transalpinos, al igual que el resto del mundo, tampoco habían previsto el caprichoso desenlace. Y es que en un Mundial nunca podemos dar nada por sentado, siempre hay lugar para las sorpresas.  
 
 
 
 

   

   

 
En los cuartos de final, Corea del Norte se cruzaría con la Portugal de Eusébio. El Goodison Park de Liverpool sería el escenario de aquel encuentro. En la primera parte, el Chollima que otra vez lucía de blanco desplegó su característico fútbol ofensivo para seguir prolongando su leyenda. Nada más iniciarse la contienda, Pak Seung-zin adelantaba a los suyos con un disparo desde la frontal del área que se coló por la escuadra izquierda, sorprendiendo a José Pereira. Los portugueses respondieron al instante bombardeando la meta rival, pero se estrellaron varias veces con el portero norcoreano. En el minuto 22, un centro desde la derecha era recogido por Yang Seung-kook, que puso un balón tenso para que Lee Dong-woon la empujase a puerta vacía. "We want three" ["queremos tres"], coreaban las gradas. Por si fuera poco, tres minutos más tarde, el propio Yang se vio beneficiado por un rechace, haciéndose con la bola en el área contraria y definiendo con facilidad para hacer el tercero. No había pasado ni media hora y Corea del Norte se veía con la victoria en su bolsillo al ganar por 0-3. Ver para creer. Pero aquella Portugal era una selección dura, como ya había demostrado al dejar fuera del torneo a Brasil. Los grandes jugadores aparecen en los momentos más complicados y Eusébio decidió echarse el equipo a las espaldas. Apenas habían transcurrido unos minutos desde que los lusos encajaran el tercero, cuando tiró de orgullo para protagonizar una jugada individual y acortar distancias, insuflando de nuevo a los suyos la motivación necesaria. Poco antes de la pausa, 'La Pantera de Mozambique' sería responsable de ejecutar con seguridad un penal a favor, dejando el partido en el alambre y metiéndole miedo a los jugadores norcoreanos.
 
 
El fin de un sueño 
 
La sorprendente ventaja obtenida por Corea del Norte se había esfumado muy pronto; aun así, seguían mandando en el marcador. La efusividad de los asiáticos se mantuvo intacta y quizás ese fue el mayor error que cometieron. Jugaron más con el corazón que con la cabeza, se expusieron demasiado y lo terminaron pagando. "Debido a la falta de experiencia, no sabíamos cómo mantener nuestro liderazgo", reconocía Lim Zoom-sung, "en otras palabras, no sabíamos cómo administrar el tiempo de manera eficiente". Eusébio se mostraba imparable en cada arrancada y sus rivales solo podían frenarlo a base de faltas. En una de ellas, marcaría un golazo tras un potente disparo; en la siguiente, los defensores se vieron obligados a trastabillarle hasta cometer un penalti que él mismo convertiría, completando un póker que inclinaba la balanza hacia el lado de los portugueses. "Era un jugador sobresaliente, especialmente en los tiros de media y larga distancia. Era fuerte, poderoso y flexible, Yo no era un portero lo suficientemente bueno como para salvar sus disparos", declararía Lee Chang-myung. Los norcoreanos no se amilanaron ni le perdieron la cara al choque, apretando al conjunto luso cada vez que podían. En el tramo final, un saque de esquina a favor de Portugal era prolongado desde el segundo palo por el delantero José Torres, que asistió con la cabeza al extremo 
José Augusto para que firmara el tanto definitivo (5-3). El pitido final del israelí Menachem Ashkenazi marcaba el final de la aventura mundialista de Chollima. La sublime actuación individual de Eusébio echó por tierra las posibilidades de que Corea del Norte lograra lo impensable y se plantara en semifinales, donde se habría enfrentado a la anfitriona, Inglaterra. Fueron los ingleses los que eliminaron en semifinales a Portugal (2-1) y vencieron en la final a Alemania Federal (4-2), levantando así su primera Copa del Mundo. 
   
"Ir por delante con un 3-0 y terminar perdiendo por 5-3 es muy decepcionante", explicaría años después Lim Zoong-sung, "pero estábamos orgullosos por haber llegado a los cuartos de final. Era como haber ganado algo muy importante; aunque perdimos aquel partido, no nos veíamos como perdedores". Para muchos aficionados, los verdaderos héroes de aquella cita mundialista fueron, sin duda, aquellos integrantes de la selección nacional de Corea del Norte. Inmersos en los diferentes rumores que circulaban acerca del régimen del líder Kim Il-sung y todas las circunstancias políticas que los rodeaban, habían pasado de ser un equipo de soldados completamente desconocido, sin apenas experiencia y fuera de todas las quinielas a convertirse en la gran sorpresa y en la sensación del campeonato. La expedición norcoreana fue recibida por todo lo alto a su llegada a Pyongyang, admirada por su pueblo por la proeza que había logrado llevar a cabo: situar en el mapa el deporte de Corea del Norte y de toda Asia. Resulta cuanto menos curioso el caso de Pak Doo-ik. Su memorable gol del triunfo ante Italia sería motivo más que suficiente para ganarse un ascenso de cabo a sargento del Ejército de Corea del Norte tras el torneo. Además, fue condecorado con el galardón deportivo más importante del país, Atleta Popular del Pueblo, recibiendo elogios de todo tipo por sus hazañas.
 
 
 
 

 
 
  
 
La alegría del triunfo conseguido por Corea del Norte no le duraría demasiado a sus protagonistas. Al principio, todos los jugadores fueron recompensados con altos cargos en compañías estatales. Pero la política intervino de nuevo en las vidas de los que habían sido héroes en Inglaterra y las disputas ideológicas desembocarían en diversas condenas por actividades consideradas antigubernamentales. Salvo excepciones, todos serían exiliados a otras provincias. Algunos fueron tratados como presos políticos y enviados a campamentos y minas administrados por los servicios de seguridad del gobierno. Por ejemplo, Pak Seung-zin, autor del gol del empate contra Chile, sería visto en un campo de prisioneros en Yoduk, acusado de espionaje por entregar una carta a un compatriota exiliado en Japón. Según otro informe, Pak Doo-ik fue enviado al Distrito de Trabajadores de Daepyong para servir como mano de obra forestal durante una década, hasta que Kim Jong-il lo recuperó para ejercer como director del Comité Atlético de Yangkang. Más tarde, volvería a Pyongyang para ser elegido como el nuevo técnico de la selección nacional de fútbol; también formaría parte del grupo de norcoreanos encargados de llevar la antorcha olímpica hasta Pekín en el año 2008. Seguramente, en el fondo el único crimen que habían cometido todos ellos había sido dejarse remontar ante Portugal tras haber contado con tres goles de ventaja en el marcador. Y eso debía ser motivo de castigo para el régimen.
 
 
The Game of Their Lives
 
A finales de la década de los noventa, Daniel Gordon se ganaría el afecto de toda una generación de amantes al fútbol. El cineasta británico quiso mostrarle al mundo la historia de aquel equipo en su documental The Game of Their Lives (Chollima Chookgudan), que sería estrenado por la BBC en el año 2002. Daniel Gordon y su productor, Nick Bonner, tardaron cuatro años en recibir el permiso necesario para viajar a Corea del Norte, pero la espera valió la pena: "Las autoridades coreanas estaban bastante intrigadas y complacidas de que quisiéramos hacer algo bastante neutral sobre su país, y los jugadores estaban realmente encantados porque pensaron que habían sido olvidados por el resto del mundo. Lo primero que uno de ellos me dijo fue: '¿Sigue vivo el alcalde de Middlesbrough'. Sabía que había un fuerte vínculo, pero no pensé que hubiera durado tanto". Tras estrenar el documental en Pyongyang, Gordon quiso invitar a los protagonistas a visitar Middlesbrough. Para su sorpresa, las autoridades norcoreanas permitieron que se realizara este emotivo viaje. El grupo quedó absolutamente encantado. En sus camisetas tenían escrito 'Gira 2002 de la plantilla de Corea del Norte de la Copa del Mundo'. Después de casi cuarenta años, los habitantes del Teeside los reconocieron y siguieron vitoreándolos. 
Cuando llegaron a Ayresome Park, los niños pequeños buscaron autógrafos en nombre de sus abuelos, que a buen seguro ya les habían narrado varias veces las aventuras de aquellos exóticos héroes. "El hecho de que los norcoreanos fueran modestos y tan pequeños atraía a la gente de Middlesbrough, que empatizaron con ellos", explicaba Gordon. "Pero también creo que la forma en la que los jugadores se comportaron aseguró que todos se entusiasmaran con ellos". Aquella conexión que se había creado entre teessiders y norcoreanos, personas aparentemente tan diferentes, trascendía para siempre más allá del deporte. Así lo reflejaría una vez más el aclamado Pak Doo-ik, recordando el memorable partido contra Italia: "Cuando marqué ese gol, la gente de Middlesbrough nos llevó a sus corazones. Aprendí que jugar al fútbol puede mejorar las relaciones diplomáticas y promover la paz".
 
En definitiva, el combinado nacional de Corea del Norte se sumó así a la lista de selecciones modestas que han llegado a ilusionar no solo a todo un país, sino a miles de aficionados al fútbol. En una época de absoluta precocidad del balompié asiático, este equipo consiguió participar en la Copa del Mundo de Inglaterra 1966 y, además, no defraudó. Todo lo contrario. Después de aquella memorable actuación, el periodista Derek Hodgson había comentado: "Los historiadores coreanos pueden escribir que este fue el nacimiento de ellos como nación futbolística". Por desgracia no fue así y el fútbol norcoreano volvería de nuevo al oscuro ostracismo. Tanto fue así que en los años siguientes la selección ni siquiera participaría en varias de las fases de clasificación, sobre todo debido a las dificultades diplomáticas. Si hablamos de grandes eventos, podemos nombrar los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, donde llegaron a cuartos de final, y en la Copa Asiática de Kuwait 1980, donde cuartos, además de su breve presencia en la Copa Asiática de Japón 1992. Habrían de pasar cuarenta y cuatro años para volver a ver a la selección de Corea del Norte clasificándose para una Copa del Mundo, en Sudáfrica 2010. En esta ocasión, los norcoreanos no tuvieron tanta suerte y no superaron la fase de grupos, con un equipo bastante tímido y repleto de dudas. Poco o nada quedaba ya de aquel espíritu del Chollima que había llevado en volandas a los héroes de Inglaterra. Sin embargo, para la mayoría de los países el hecho de participar en un torneo de estas dimensiones ya supone todo un triunfo. Y es que el fútbol y el deporte no pertenecen solo a las grandes constelaciones, también pertenecen a los pequeños que quieren sumarse a la fiesta. Por esta razón y otras tantas, esto es The Other Football.
 
 
 
 

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